Gustad y ved

Los que sentís el peso de la vida,
los que lucháis por encontrar a Dios,
los pobres, los humildes, los sedientos,
¡gustad y ved cuán suave es el Señor!
Miradle sonriendo entre pajas
o llorando de amor y de dolor…
¡Dios hecho niño pobre y desvalido…!
¿Puede existir benignidad mayor?
Miradle en Nazaret desconocido,
miradle junto al pozo de Jacob,
comiendo con los pobres pecadores
o buscando la oveja que perdió.

¡Mirad con cuánto amor
nos llama amigos!
Vedle muerto en la Cruz
por nuestro amor.
Mirad, mirad su Corazón abierto
y encontraréis amor, paz y perdón.
Mirad después a vuestra propia vida
y… callad, y dejad al corazón
que se deshaga en agradecimiento
al ver tanta ternura y tanto amor.
Nadie lo sabe, nadie lo conoce…
Es un secreto entre los dos.
¡Es un tejido de miserias mías
y de misericordias de mi Dios…!

Levantó de la tierra al miserable,
del estiércol al pobre pecador,
le ha colocado entre sus escogidos,
le ama con especial predilección.
Busca al pobre, al que más lo necesita,
al que no lo merece, al que es peor.
Se compadece de sus pobres hijos,
conoce el barro del que nos formó…
No acabará la caña que está rota,
ni la vela que aún da algo de calor.
¡Lo pide así su corazón de Padre…
ésa es su condición…!

¡Venid, venid al corazón de Cristo,
echad muy lejos ya todo temor,
descansad y gozaos de la anchura
de un corazón que tanto nos amó!
¡Alzad los ojos de vuestras tinieblas!
¡Salid fuera! ¡Mirad al Sol!
¡Nadie fue a él y se quedó vacío!
¡Nadie se esconderá de su calor!
¡Bebed de ese torrente de delicias
que nos está ofreciendo nuestro Dios!
¡Paladead su suavidad divina!
¡Gustad y ved cuán suave es el Señor!

San Juan de Ávila

Publicado en: Oraciones con espíritu, VVAA, Ed. Fundación Maior, 2020 pp. 43-43.

Compartir: